Sábado 21 de marzo

Sábado, 21 de marzo
III semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»
Os digo que este bajo a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: Para comprender mejor este Evangelio pensemos quiénes son los destinatarios de este mensaje. Aquellos que “teniéndose por justos se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás”.
Hoy podíamos pensar: “yo, ni robo ni mato, soy mejor que muchos”. O “yo voy a misa y rezo, soy mucho mejor que todos esos…”. O “estoy harto, nadie va a cambiar, yo sé mucho más que todos esos, yo tengo más fe, yo soy mejor”. Y a ti y a mí, que tenemos algo de esto, Jesús nos dedica hoy esta parábola.
Dos personajes. Un fariseo: alguien “bueno”, cumplidor, que hace lo que tiene que hacer, pero pagado de sí mismo, seguro de su bondad. Sus cumplimientos no le acercan a Dios ni a los demás, todo lo contrario. No busca encontrarse con Dios, sólo decirle lo bueno que es. Por tanto, ni le escucha, ni establece una relación con Él, ni puede dejarse amar o experimentar la misericordia de Dios, ni Dios puede darle luz para que cambie las cosas que hace mal… Tampoco es capaz de acercarse a los demás. Se siente por encima, mejor que ellos.
Por otro lado, tenemos al publicano. Piensa en alguien que traiciona a España, se aprovecha de los españoles (eso en el fondo eran los publicanos, trabajaban para el Imperio Romano invasor). Pero éste sí establece una relación con Dios ¿Por qué? Porque es capaz de ser humilde, es decir, de ver la verdad de sí mismo. Es un pecador. Sabe que no merece la compasión de Dios. Éste será enaltecido ¿Qué quiere decir esto? Que Dios lo va a levantar de la mentira en la que vive. Tendrá que cambiar de vida, claro… no queda justificado porque pueda seguir siendo un pecador. Si establece una relación con Dios su vida cambiará, seguirá pecando y cayendo, pero Dios lo levantará cada vez.
Ahora mira a tu vida ¿qué tienes de cada uno de los personajes de la parábola? ¿qué te está diciendo Dios en su Palabra?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Manuel