Sábado 20 de octubre

Sábado 20 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 12, 8-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios.
Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.

Pistas: El Espíritu Santo es el don (regalo) de los dones, es la promesa de Jesús, el que continuará su obra llevando a plenitud todo lo que Él ha anunciado y habitará en el corazón de sus discípulos. Es el que lleva a efecto la salvación de Dios en el interior del hombre, el que nos da los dones.
Por eso, rechazar el Espíritu Santo es rechazar a Dios mismo y la salvación que regala, porque es rechazar la acción salvadora de Dios. Rechazar el Espíritu Santo significa tener a Dios y no querer verlo, tener la luz encendida y cerrar los ojos para no ver.
Ayer veíamos que Jesús pedía que le siguieran sin hipocresía, sin miedo a nada más que a la mentira y el pecado. Y confiando en Dios que es providente. Hoy promete que Él nunca abandona a los suyos, y que si alguna vez le eres infiel podrás encontrar perdón.
Las palabras finales que recuerda el Evangelio de hoy tuvieron que ser una gran fortaleza y consuelo para los primeros cristianos, y para tantos cristianos perseguidos. No estás solo, el Espíritu Santo te guía y te enseña.
Hoy el Evangelio te invita a decidir: ¿te pones de parte de Jesús? ¿te dejas llenar y guiar por el Espíritu Santo? No te preocupes, no tengas miedo, Dios está contigo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.