Sábado 19 de enero

Sábado 19 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió.
Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: ¡De modo que come con recaudadores y pecadores! Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores.

Pistas: Jesús ha venido a salvar, no busca a los perfectos sino a los que quieren seguirle y conocerle. Hayan sido como hayan sido. Jesús llama a un cobrador de impuestos. Alguien despreciado y mal mirado por las autoridades religiosas judías y por muchos del pueblo, porque era un colaborador del Imperio Romano. A pesar de todo, Jesús le llama y él le sigue.
Siempre que leo este Evangelio me pregunto ¿qué tipo de Iglesia estamos construyendo? ¿la que señala al que hace tiempo que no entra, lleva una mala vida o ha estado equivocado o alejado? ¿o, por el contrario, somos una Iglesia que llama, invita, acoge, perdona y ama? No se trata de rebajar el mensaje y de que todo valga. El mensaje de Jesús es una propuesta de plenitud. Seguirle trae consigo un cambio de vida. Pero Jesús acoge y acompaña a todos los que se acercan a Él y quieren seguirle.
Pregúntate ¿Qué Iglesia construyes? ¿cómo miras a los que entran? ¿cómo haces presente a Jesús? ¿nos dedicamos en la Iglesia a juzgar o a acoger? O tal vez te sientas llamado por Jesús pero pienses que no eres digno… Jesús tiene un mensaje para ti. Abre tu corazón para poder escucharlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.