Sábado 14 de marzo

Sábado, 14 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Jesús acoge a pecadores y come con ellos. Y esto es causa de escándalo para la gente de su tiempo. Murmuran de Él. A lo que Jesús responde con la parábola que acabas de leer.
En esta historia hay tres personajes. Los dos hijos buscan la felicidad. Cada uno a su manera. El joven se va lejos, derrocha sus bienes, “disfruta de la vida”, y sólo logra insatisfacción y vacío. Se queda sin nada. Pasa hambre. Lo que el padre le dio lo pierde. Llega hasta un límite tal que quiere pedir perdón, volver a casa, pero sin esperanzas de ser quien era.
El mayor se queda en casa del padre, pero tampoco es feliz. Parece que está amargado. Tiene cosas que reprochar al padre. Está en casa pero no siente que sea su casa. Y cuando su hermano vuelve le juzga y se siente resentido pensando en que el otro ha «vivido» pero él ha renunciado a muchas cosas.
Y el padre de la parábola es amor y misericordia. Al hijo pequeño descarriado no solo no le echa nada en cara sino que le hace recuperar su dignidad de hijo. Le viste, le calza, le da un anillo, le hace una fiesta. Porque vuelve a estar en el hogar. Al hijo mayor intenta enseñarle a ser como él, que aprenda a amar y ser misericordioso, que descubra las riquezas que quiere compartir con él.
Imagínate qué sienten estos personajes, qué buscan. Ilumina tu propia vida con cada uno de ellos. En muchas ocasiones te parecerás a alguno de los hijos: El inconsciente que busca la felicidad donde no la puede encontrar y termina vacío y desesperado. El que cumple pero no es feliz y juzga, está en casa (en la Iglesia) pero no disfruta. En otros aspectos te sentirás llamado a acercarte al padre, a Dios y encontrar en Él lo que puede llenar tu vacío y tu búsqueda. A veces tendrás que ser imagen del Padre para otros, reflejar a Jesús, para que puedan encontrar el rostro misericordioso de Dios los que están perdidos buscando la felicidad donde no la pueden encontrar. Y que puedan sentir su abrazo, sin reproches, con el que pueden recobrar su dignidad.
El padre, los hijos pequeño y mayor, el hogar, saciarse, ser feliz, el perdón, el amor, la misericordia… Esta parábola da mucho juego y nos debe hacer replantearnos ciertas actitudes en las que podemos sentirnos reflejados. Deja hoy que la Palabra de Dios te hable, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.