Sábado 12 de septiembre

Sábado, 12 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 43-49
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose.

Pistas: A veces es complicado saber si estamos haciendo las cosas bien o mal. Otras veces buscamos excusas para mantener una actitud que en el fondo sabemos que no está bien, pero no queremos cambiarla. Jesús nos da hoy un criterio para discernir, distinguir y saber verdaderamente cómo estamos viviendo. Si estamos eligiendo el bien o el mal, si estamos sanos o enfermos. Y ese criterio son los frutos. Los frutos que dan nuestras actitudes, decisiones y acciones.
Si atesoras en tu corazón el bien, es decir, si lo llenas del Espíritu Santo, se manifestará en tus obras. Pero si lo llenas de oscuridad, de mal y no dejas cabida a la luz de Jesús, no puedes esperar que algo bueno salga de ahí. Sólo Jesús puede cambiar nuestro corazón. Sólo dejando que su luz penetre en lo profundo de nosotros, la oscuridad, el mal y el pecado pueden ser vencidos.
Jesús te invita a poner cimientos firmes y sólidos en tu vida. Porque de lo contrario se derrumbará ante las dificultades. Es fácil creer que hacemos lo correcto cuando todo va bien. Pero ¿y cuándo aparecen las complicaciones? ¿cuál es tu roca en esos momentos?
La palabra que Jesús te enseña día a día será la que te guíe. La clave siempre es la misma: Jesús, camino, verdad y vida. Acércate a Él y llenará tu corazón de su Espíritu Santo. Acércate a Él y la realidad se transformará porque de ti brotarán buenas obras. Estarás cimentado firmemente y nada te hará tambalear ni te derrumbará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.