Sábado 11 de abril Sábado Santo

Sábado, 11 de abril
Sábado Santo

En este día la Iglesia espera, Jesús ha muerto, la fe se mantiene en María su Madre que espera en el Dios de lo imposible… Día de silencio y de oración. Hoy no hay misa hasta la Vigilia Pascual, el único día en el año. Te invito a que reces con el final del relato de la Pasión del Evangelio de San Juan.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Del Evangelio según San Juan
…E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Pistas: El Salvador del mundo está muerto. Parece que todo lo que había dicho y hecho no era más que un espejismo. ¿Quién seguirá esperando y creyendo en un pobre desgraciado que muere en una cruz, abandonado por sus discípulos y traicionado?
En la última hora los apóstoles que esperaban el Mesías triunfante, los que buscaban puestos y honores y el establecimiento de un Reino terreno, huyen, fallan, traicionan… No habían entendido nada.
Sólo un muchacho (Juan) y la Virgen y unas mujeres siguen firmes al pie de la cruz. Allí entrega su vida el Mesías que sufre, carga con la cruz, calla, ama, confía en Dios y perdona. Ése es el rostro de Dios que se manifiesta en Cristo, el del amor hasta el extremo.
Es la hora del silencio y de la aparente victoria de las tinieblas. Es la hora de la espera. Es el momento de mirar a María, a la Madre. ¿El Dios que hace cosas imposibles les abandonará ahora? ¿todo lo que su Hijo hizo y prometió quedará en el pasado? ¿cómo rezaría María? ¿qué sentiría en su corazón en esas horas de espera?
En esta aparente victoria del mal vemos reflejadas nuestras luchas y derrotas… Nuestras dudas y miedos parece que se confirman. ¿Cuántas veces hemos pensado que no vale la pena? ¿cuántas nos hemos entregado a una teoría, aferrado a una esperanza sin sentido? ¿Dios nos deja? ¿se va? ¿mi pecado será más fuerte? ¿el mal y el sufrimiento tendrán la última palabra?
Espera con María, acércate hoy al misterio de Jesús muerto y sepultado, piensa en qué significa eso para tu vida y reza esperando que el Dios de lo imposible hará (ha hecho) algo nuevo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.