Sábado 10 de octubre

Sábado, 10 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él repuso: Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

Pistas: Hoy le echan un piropo a la Virgen María. Y Jesús le echa otro más grande aún y nos da una lección. No sólo hace grande a María ser la madre de Jesús –la madre del Hijo de Dios-, sino escuchar la Palabra de Dios y cumplirla.
Esto significa ser fiel a Dios, obedecerle y confiar en Él. Ella es la Inmaculada (la que no tiene mancha de pecado), la Toda Santa, la que siempre escuchó y dijo: hágase. María es la que siempre permanece, no importa cuáles sean las circunstancias.
Si quieres ser dichoso, aquí tienes la clave: escucha la Palabra de Dios y cúmplela. No se trata de un derecho o una herencia, más bien es una llamada, una invitación. María es admirable por ser la Madre de Jesús, pero más todavía porque siempre, siempre, escuchó y cumplió la Palabra de Dios.
Y tú ¿cómo puedes hacer para ser feliz, dichoso? Si estás leyendo estas pistas es porque tienes inquietud por conocer la Palabra de Dios. Deja que Dios te hable. Fíate de lo que te inspire. Obedece, como María hizo, a lo que Dios va poniendo en tu corazón. La Palabra de Dios es viva (da vida, te habla a ti, a tu circunstancia concreta) y eficaz (cumple lo que promete). Por eso ora con la Palabra y conviértela en acción, en decisiones, en compromiso.
Ponte en oración, invoca el Espíritu Santo. Puedes decir algo como esto: Señor, dame la luz y la fuerza del Espíritu Santo para entender y cumplir siempre tu Palabra. Háblame, que te escuche y te entienda… Y piensa en lo que Dios te está pidiendo o mostrando, en la Palabra que ha resonado últimamente en tu corazón. Y reza con ello.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.