Sábado 10 de junio

Sábado 10 de junio
IX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: ¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.
Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Pistas: Ahora Jesús enseña a la multitud, denunciando la falsedad y la hipocresía. Y a sus discípulos les muestra cuál quiere que sea el camino que sigan.
“¡Cuidado!” ¿Cómo vives? ¿Qué tipo de discípulo eres? ¿Qué Iglesia estás construyendo? ¿Eres el letrado hipócrita, egoísta, interesado, acomodado, materialista, mentiroso? ¿O eres como la viuda: das lo que tienes, entregas la vida, todo, sin reservas, con autenticidad? ¿Cuál eres? El que se ha dejado atrapar por el pecado y las autojustificaciones, por una vida acomodada y mentirosa. O el que, pase lo que pase, se fía de Dios y da todo.
El templo ahora es la Iglesia, es la comunidad, donde Jesús te pide que entregues lo que tienes y lo que eres. El templo es la persona que sufre, el pobre, el que necesita a Dios, el que necesita tu mano y tu ayuda, es la sociedad en la que vives. Jesús no te pide que seas rico (ni tampoco pobre), no se trata de una cuestión económica. Lo que te pide es que des lo que tienes en tu interior, que te fíes, que no te guardes nada.
Hoy te llama y te dice: ¡Cuidado! ¿Quién eres? Aunque duela ver la verdad, deja que la Palabra de Dios te hable, reza y que el Espíritu Santo inunde tu corazón. Y así vivirás en el amor, en la entrega, en la verdad y fidelidad a Jesús, que lo ha dado todo por ti, incluida su propia vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.