Sábado 1

Sábado 1 de diciembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado, no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pistas: La mente se embota cuando no somos capaces de discernir entre el bien y el mal, entre lo conveniente y lo que nos hace daño. Y nos convierte en un tipo de personas que no queremos ser. Pero esto no sucede de la noche a la mañana. Por eso, hay que estar despiertos para verlo venir.
Piensa en los momentos en los que te has acabado dejando llevar y tu actitud desembocó en el pecado o en el mal, haciéndote sufrir, convirtiéndote en alguien malo o mediocre. Siempre han empezado poco a poco. Con pequeñas concesiones que no parecían malas. Digamos que se deja de buscar lo mejor para conformarse con lo que no es malo… Y poco a poco, sin que se enciendan luces rojas, comienza a embotarse la mente. Comienzas a perder tu identidad de discípulo de Jesús, a vivir como los que no tienen fe. A poner excusas para tu pecado y mediocridad. Es como andar en tinieblas, no distingues lo bueno de lo malo, no sabes qué dirección tomar y acabas perdiendo el norte.
Jesús avisa hoy a sus discípulos: estad despiertos, pedid fuerzas para escapar del mal, del pecado y poder estar en pie.
¡Qué bonito es esto! Poder estar en pie ante Jesús, dejando que te mire con amor, sin que sientas vergüenza. Cuando uno se ha equivocado no quiere alzar la mirada, no se siente digno, no se ve capaz de resistir la mirada del otro. Pero si eres discípulo de Jesús tienes que estar en pie, vigilante, dispuesto, fiel. Y el camino es el de siempre: pasar tiempo con Jesús, rezar, convertirse día a día viviendo en la verdad. Entonces ¿qué prefieres? ¿estar embotado o despierto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración