Miércoles 8 de agosto

Miércoles, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán, presbítero.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. El no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. El le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Una mujer cananea, extranjera. No pertenecía al pueblo elegido y era de un pueblo pagano. Se acerca a Jesús y Él la ignora. Es sorprendente esta actitud de Jesús. Pero ¿no hemos tenido todos esa experiencia en nuestra vida? Parece que Jesús ni nos oye, ni quiere hacerlo. Incluso los discípulos interceden por ella (como cuando pedimos a los demás que recen por nosotros o por nuestras necesidades). Pero Jesús sí la escucha. Ella persevera porque cree en el poder de Jesús. Y su fe es tan grande que supera todas las dificultades.
Tuvo que ser muy impactante para los discípulos este milagro de Jesús. Por dos motivos: porque era una extranjera y por la fe que demostró. Ellos muchas veces dudan, como en el milagro de los panes o Pedro hundiéndose en el agua. Pero aquella mujer de un pueblo pagano, responde con humildad, con absoluta confianza en Jesús a pesar de que todo indica que no va a ser escuchada.
Ahora, si quieres, revisa tu fe a la luz de este Evangelio ¿Qué te dice hoy la Palabra de Dios? ¿desistes de la oración cuando crees que Jesús no te ha escuchado? ¿tu fe se alimenta día a día, eres constante en tu relación con Jesús? Y ora con lo que el Espíritu Santo ponga en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.