Miércoles 5 de agosto

Miércoles, 5 de agosto
Dedicación de la Basílica de Santa María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: No sabemos el día ni la hora en que el Reino de Dios alcanzará su plenitud. En teología se llama la parusía, el final de los tiempos. Lo confesamos en el credo: el Reino que no tendrá fin, cuando Jesús venga a juzgar a vivos y muertos.
No estamos muy acostumbrados a pensar en esto, y eso que ni siquiera sabemos la hora de nuestra muerte. Por eso, esta parábola es una invitación a la vigilancia y a no vivir la vida dejándose llevar o posponiendo a mañana lo que podemos hacer hoy. Podemos decir que es un antídoto contra la comodidad y la mediocridad. Porque lo más fácil es pensar que da igual. Dejarnos llevar por las modas y por la cultura dominante. Podemos quejarnos y esperar a que otros nos solucionen la papeleta, no tomar partido. Pero si actuamos con dejadez puede que nos quedemos fuera del “banquete de bodas”, fuera del Reino.
Esta parábola no nos dice que Jesús dé una sola oportunidad, que no pase ni una. Dios es misericordioso y nos ama. La Palabra de Dios nos advierte que estemos vigilantes, que despertemos, que seamos precavidos, que no da igual vivir de un modo o de otro. Te dice que será tu vida completa la que tendrás que presentar ante Dios.
Pensemos ahora: ¿Estamos en vela o estamos dormidos? ¿Estamos dispuestos a entrar en la fiesta o preferimos dormir y quedarnos a la puerta? ¿Andamos por ahí buscando con qué encender nuestra lámpara para poder entrar o sabemos dónde encontrar el aceite y lo tenemos preparado? Dios te señala hoy a la oración, la Palabra, los sacramentos, la vida de discípulos, la Iglesia, como esas áreas en las que siempre está esperándonos. Así pues, no sabemos el día ni la hora. Por eso: ¡¡Despierta!!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.