Miércoles 30 de enero

Miércoles 30 de enero
III semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 4, 1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago.
Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y el gentío se quedó en la orilla.
Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó.
Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano.
El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno. Y añadió: El que tenga oídos para oír que oiga.
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo: A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que «por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdone».
Y añadió: ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso, al escucharla la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la Palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la Palabra, y se queda estéril.
Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la Palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.

Pistas: Posiblemente hayas leído muchas veces esta parábola. Para rezar con ella puedes plantearte ¿qué tengo yo de cada terreno en mi vida? ¿estoy siendo tierra buena que acoge la Palabra? ¿doy fruto? ¿qué tipo de fruto doy? ¿le pido a Dios la fuerza de su Espíritu, los dones para arrancar zarzas, quitar piedras y no quedarme a la orilla del camino?
Hay un detalle muy bonito en la manera de proceder de Jesús. Siempre les habla del mismo modo: no da largas explicaciones teóricas, sino sugerentes parábolas de la vida cotidiana de los que le escuchan. No explica del todo, sino que invita a buscar: “El que tenga oídos para oír que oiga”.
Pero después, estando con Él, siendo sus discípulos, siendo de los suyos, todo se explica y se entiende. Sólo en presencia de Jesús se puede profundizar su palabra. En esta línea hay que entender el “A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio…”. Sólo los que reconocen a Jesús como Mesías, sólo los que se asomen a su misterio y crean en Él podrán comprender su Palabra y aceptarla. Podrán conocer los secretos del Reino y, así, transmitirlos a otros, como semilla que brota en tierra buena.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.