Miércoles 3 de abril

Miércoles 3 de abril
IV semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 5, 17-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
—«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo:
—«Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió.
Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.
Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Pistas: Comenzamos en esta cuaresma a leer a San Juan, cuyo estilo es muy diferente al de los otros Evangelios. Tenemos que leerlo despacio e ir entresacando las ideas que va desarrollando. Su manera de avanzar es haciendo como una espiral… Se trata de asomarnos al misterio de ¿quién es Jesús?
-Jesús llama a Dios: “mi Padre”. Se hace igual a Él. En el lenguaje y actitud de Jesús hay un salto en el que se deduce que es Hijo de Dios en un sentido diferente al resto. -El Padre actúa con Él. Jesús no hace nada por su cuenta.
-El Padre le da poder para resucitar, para dar vida.
-Hay que honrar al Hijo, como se honra al Padre, porque Jesús es el Hijo de Dios. -La Palabra de Jesús da vida. Creer en ella da vida eterna.
-Jesús juzgará a los que resuciten.
Llegamos aquí a la resurrección de los muertos. A una resurrección de vida o una de juicio. Esto sólo se puede entender desde la resurrección del propio Jesús. No sólo el alma perdurará inmortal, sino que de algún modo (no debemos imaginarnos un cadáver revivido) todo lo que somos alcanzará su plenitud en Dios. También el cuerpo, la materia y la creación entera. Por eso el sepulcro vacío de Jesús ¿Qué sucedió allí? No lo sabemos, pero sí que aquel que estaba muerto se apareció vivo a sus discípulos como veremos en la Pascua. Jesús y el Nuevo Testamento enseñan que al final de la historia habrá una resurrección universal y un juicio que le corresponderá al propio Jesús.
Por último, vuelve Jesús hablar de su unión con el Padre y que Él siempre hace la voluntad del Padre.
¿Cuál es la mejor manera de acercarte a este Evangelio? Darte cuenta de que se trata de asomarte a un misterio, al misterio de Dios, del Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. La fe cristiana enseña que Jesús es el Hijo de Dios y san Juan va desarrollando en su Evangelio esta idea desde muchas perspectivas. Intenta contemplar, adorar, agradecer… y amar a Jesús que siendo el Hijo de Dios ha venido a mostrarnos cómo es Dios y a entregar su vida por ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.