Miércoles 29 de julio

Miércoles, 29 de julio
Santa Marta

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le ¿contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Pistas: ¿Cuántas veces andamos acelerados, con mil cosas? Los quehaceres cotidianos, nuestro trabajo, nuestras ocupaciones, hasta a veces nuestros hobbies. Muchos de ellos nos parecen muy importantes y algunas de hecho lo son. Pero nos quitan la paz, no les vemos sentido, nos agobian… y hasta a veces nos da envidia la gente a la que vemos feliz, tranquila (con tantas cosas como nosotros o más).
Jesús nos dice cuál es la mejor parte: estar a sus pies escuchando su palabra. El problema no está en la actividad. Hay muchas cosas que tenemos que hacer, que son importantes y necesarias, para nosotros y para los demás. Pero si ponemos cosas, tareas, y muchas veces excusas, por delante de Él ¿para qué servirá estar con Jesús y no prestarle atención? Él es la mejor parte. En realidad, es la única que da sentido, y la que nada ni nadie puede quitarte. Las cosas que haces pueden salir mejor o peor, llenarte más o menos, ser más o menos importantes, pero si Jesús está en el centro, todo cambiará.
Así que si descubres que tienes poca paz, que te dan envidia otros, que no puedes centrar tu atención en lo verdaderamente importante… necesitas estar más tiempo a los pies de Jesús, escuchando su Palabra. Busca ese tiempo con Jesús, lee las Escrituras, vete a la iglesia, saca tiempo y reza. Y encontrarás algo que nadie ni nada te podrá quitar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.