Miércoles 24 de mayo

Miércoles 24 de mayo
VI semana de Pascua
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

Pistas: En el diálogo de Jesús con sus discípulos, después de la Última Cena, el Evangelio de San Juan ha presentado y prometido el Espíritu Santo. ¿Y quién es el Espíritu Santo del que tanto oímos hablar y hemos leído en estos días? Es otro Paráclito (que significa Defensor, el que está al lado). Será enviado desde el Padre y continúa lo que Jesús empezó (Jn 14, 16s). No es Jesús, pero no hay ruptura, sino continuidad. Ayudará al discípulo de Jesús y a la comunidad a profundizar, desentrañar y actualizar la revelación de Jesús. Estará siempre con ellos. El Espíritu les permite acceder a Jesús resucitado y hacerlo siempre presente. No es un acontecimiento ni una persona del pasado. El Espíritu Santo es el que enseña y recuerda lo que Jesús reveló (Jn 14, 26). Es testigo de Jesús (Jn 15, 26-27). También para el creyente en su interior (en su propio proceso de fe) y en la comunidad que cree y a su vez da testimonio. Defiende y confirma a Jesús, venciendo al Príncipe de este mundo, haciendo justicia, dando salvación. (Jn 16, 5-11)
Hoy Jesús les cuenta algo muy importante: el Evangelio, Jesús mismo, no se puede entender ni descubrir en profundidad sin el Espíritu Santo. No pueden “cargar” con ello. Esto significa que no puedes entrar en relación auténtica con Jesús sin el Espíritu Santo. La fe que has recibido por tradición, la revelación de Jesús a sus discípulos, no se puede acoger en plenitud sin el Espíritu Santo.
No es que el Espíritu revele cosas nuevas, sino que ayuda a entender, a conocer y a vivir la profundidad de lo que Jesús ha revelado. En tu vida esto significa la diferencia entre, por un lado, una fe de costumbres, una tradición o unas ideas; y una fe viva, el encuentro con Jesús resucitado, los dones del Espíritu. Es la diferencia entre conocer a alguien y conocer a alguien a quien se ama y que te ama.
El Espíritu que glorifica a Jesús, que lo resucita, continúa permitiendo conocer a Jesús y a través de Él al Padre. Jesús es el camino abierto al Padre y el Espíritu Santo la fuerza para recorrerlo.
No te frustres si todo esto te parece complicado. Lo irás entendiendo y descubriendo poco a poco. Por eso si te suena bonito, si dices: “quiero eso en mi vida”, quiero más de Dios, recuerda que Jesús cumple sus promesas. Pide que venga nuevamente con poder el Espíritu Santo a ti y verás las maravillas de Dios en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.