Miércoles 22 de agosto

Miércoles, 21 de agosto
San Pío X, Papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.
¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: La justicia que Jesús enseña se convierte en misericordia y gratuidad. Se parece al amor. Así es Dios. No nos paga como merecemos, sino que lo hace según su amor incondicional e inmerecido. Pero para poder acogerlo hay que, como los de la parábola, acercarse a la plaza (a la Iglesia) y atreverse a responder a la llamada.
El propietario de la parábola fue llamando a los que estaban dispuestos a escuchar. Va pasando a diferentes horas ¿Qué estarían haciendo los que responden más tarde? Andaban a sus asuntos. Pero, al final, escuchan la voz del propietario y responden. No nos explica cómo trabajaron cada uno, si lo hicieron bien o mal, si los últimos se esforzaron mucho. Lo que nos enseña la parábola es la medida del amor de Dios.
Decía una vez un sacerdote que muchos conversos a los que él había acompañado le habían adelantado en la fe como un Ferrari a un Seiscientos. Pero ni siquiera se trata de esto. La cuestión es cómo es el amor de Dios, que no nos paga cómo merecemos, sino según su amor y misericordia.
Así que estés como estés, acércate a Jesús, atrévete a escuchar su voz y responder y recibirás muchísimo más de lo que esperas.
¿Te crees de los primeros? Ten cuidado, no vayas a apartarte de Dios y hacerte un Dios a tu medida. No vayas a volverte un quejica que no entiende quién es Dios ¿Te descubres entre los últimos? No temas, acércate a Jesús y síguele. Recibirás mucho más de lo que sueñas. Dios es misericordioso y bueno. Y te invita a que lo descubras.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.