Miércoles 22 de abril

Miércoles, 22 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 3, 16-21
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Pistas: Para que tengan vida. Eso es lo que Dios quiere. Que tengamos vida, eterna, plena, auténtica, vida que ha vencido a la muerte. Y el camino es la fe en el Hijo de Dios, en Jesús que ha venido al mundo por amor a los hombres.
Para que tengan salvación. Porque, aunque nos gustaría poder hacerlo, el hombre no puede salvarse a sí mismo. Necesita a Dios. Siempre tendrá un hueco en su corazón que nada podrá llenar. El bien, la verdad, la belleza, el amor… lo llenan, pero nunca del todo. Siempre hay sed de más. Para eso ha venido Jesús, para enseñarnos el camino hacia Dios, para abrirnos el camino a su vida. Salvarnos de la muerte, del pecado, de la ignorancia… y abrirnos la puerta a una plenitud que no podemos encontrar en nada de este mundo.
Hay un juicio, no lo emite Dios. Dios no envió a Jesús para juzgarnos (es decir, para dejarnos atrapados en el pecado, en la maldad o en la culpa)… lo envió como luz. Y si se rechaza la luz ¿qué sucederá? Ya está hecho el juicio, sólo queda el camino de las tinieblas. No hay más: o luz o tinieblas. Si hay luz, la tiniebla desaparece.
Y esa luz ilumina la vida, ya no vale seguir con las malas obras, porque quedan al descubierto. Ante Dios no puedes ir con mentiras, porque te conoce, sabe quién eres mejor que tú mismo. La buena noticia es que te ama, incondicionalmente. Ha venido para salvarte, no para juzgarte. No le importa lo que hayas hecho, ni si te sientes indigno… sólo quiere que le dejes amarte, que le dejes darte su luz.
Y se abrirá ante ti un nuevo camino, porque no te quedará otra que apartarte de aquello que es tiniebla y vivir en la luz. No encontrarás otro camino para ser feliz que dar los frutos de los hijos de la luz.
Ésa es la verdad, que sólo en Jesús hay salvación, que sólo en vivir como discípulo suyo hay salvación y vida. Recuerda el Evangelio de ayer. Es un don, es fruto del Espíritu que te hace nacer de nuevo.
El Evangelio de San Juan tiene un estilo peculiar, da vueltas, avanza un poco y otra vez… parece la misma idea, pero va poco a poco profundizando (como un tornillo que se aprieta). Quédate con alguna idea y reza con ella ¿qué te está diciendo, para tu vida, para tu situación, el Evangelio de hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.