Miércoles 20 de junio

Miércoles, 20 de junio
XI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Pistas: Frente a la apariencia, el cumplimiento y la superficialidad, Jesús propone vivir en la verdad. Con autenticidad, con profundidad. Ser y no aparentar.
Practicar la justicia, es decir, el camino de la santidad, no es un cumplimiento ni garantizar unos mínimos. Se trata de entrar en la vida de Dios, que es perfecto y santo, que nos ama con un amor que no se puede medir, ni comprender… Y por eso la propuesta de Jesús es entrar en relación con Dios y que esto transforme nuestra vida y actitudes, nuestra relación con los demás. Tres prácticas propone el Evangelio de hoy:
Limosna. Ayudar al prójimo. Compartir de lo que tengo con el que lo necesita. Es la consecuencia del mandamiento de amor al prójimo.
Oración. Entrar en relación con Dios. Hay muchos tipos de oración. Se va aprendiendo con la práctica. Lo importante es avanzar, conocer a Dios y dejar que Dios te transforme, sentirte conocido por Dios, dejarte amar por Él. Tienes muchos caminos para orar: devociones como el rosario y oraciones que aprendiste, oración de alabanza, adoración, la lectio que haces al leer el Evangelio y estas pistas, meditación… Se trata de crecer en tu relación con Dios.
Ayuno. En tiempos de Jesús era una práctica habitual en la religión judía. Hoy muchas religiones siguen practicándolo. Pero quizás sea la que más abandonada tenemos en la Iglesia católica. Jesús ayunó con frecuencia y enseñó a sus discípulos a hacerlo. Los santos nos cuentan cómo les ayuda a crecer en su vida de fe. El ayuno ayuda a acercarse a Dios, fortalece el espíritu y la voluntad, da fuerza para resistir al mal, permite experimentar –incluso físicamente- hambre de Dios, ponerle a Él en el centro, como lo más importante de nuestra vida, incluso más importante que nuestro sustento. El Nuevo Testamento nos cuenta que las primeras comunidades ayunaban antes de tomar decisiones importantes y los santos cuentan cómo perciben más fácilmente la voluntad de Dios cuando ayunan y son más dóciles al Espíritu Santo. No es magia, ni chantaje a Dios, ni hacer méritos… sólo es un instrumento para fortalecer la relación con Dios y la fe en Él.
Si quieres, revisa tu vida de limosna, oración y ayuno. En el fondo es el primer mandamiento ¿Cómo estás amando a Dios (oración y ayuno) y al prójimo (limosna)? Y descubre a la luz del Evangelio qué tienes que cambiar, qué puedes hacer para crecer.
Por último, como consejo práctico, cuando tomes decisiones proponte objetivos realistas, posibles y revisables. Un par de ejemplos. Si tienes que rezar más no empieces por 2 horas al día, proponte algo asequible: media hora, 45 minutos, un tiempo que puedas realizar. Planifica cuándo, cómo… y si un día no lo haces, no te desanimes, persevera. O si ves que eres egoísta, no quieras empezar dando la mitad de tu sueldo a Cáritas. Empieza por cambiar tu relación con la gente que te rodea ¿Quién te necesita? ¿qué puedes hacer por los que están pasándolo mal? Sé realista y proponte objetivos que puedas llevar a cabo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.