Miércoles 2 de septiembre

Miércoles, 2 de septiembre
XXII Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado. Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Pistas: El lunes rezábamos con el pasaje en que Jesús afirmaba que se cumplía en Él la profecía de Isaías que había leído en la sinagoga: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”. Ayer Jesús expulsaba un demonio con la autoridad de su palabra y hoy nos cuenta San Lucas cómo cura a la suegra de Simón, y a todos los enfermos que le llevaban, y anuncia la buena nueva del Reino de Dios. Se hace realidad el anuncio del profeta. Jesús cumple las promesas de Dios.
Libertad, salvación, salud, vida… Jesús trae todo esto y lo trae para todos, como nos dice el Evangelio de hoy.
También nos cuenta la curación de la suegra de Pedro. Hay un detalle que puede hacernos pensar, cuando Jesús la cura, ella se levanta y se pone a servirles. Seguro que has experimentado lo que es tener fiebre, cómo le abandonan las fuerzas a uno. Eso mismo hace el pecado: nos debilita. Pero cuando Jesús nos libera de él, entonces podemos levantarnos y servirle. Porque reconocemos su presencia, nos llenamos de su fuerza y actuamos con poder. Porque Jesús sana, libera y salva.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.