Miércoles 2 de diciembre

Miércoles, 2 de diciembre
Semana I de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 25, 6-10a
Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Pistas: El Señor preparará un festín para todo pueblo y nación. Arrancará el velo que impide recibir la salvación. Destruirá a la muerte para siempre. Enjugará lágrimas y alejará la culpa. Él mismo en persona. “Aquí está nuestro Dios”. Vendrá a salvar, cumplirá las esperanzas, traerá gozo. Imagínalo.
Este festín nos lo presenta el Evangelio de hoy en la multiplicación de los panes y los peces que Jesús realiza después de haber estado curando enfermos, cojos, ciegos y mudos. A través de Jesús Dios se revela, salva y trae gozo. Muchos le siguen. Unos, para que les cure. Otros, agradecidos. Y tres días después –nos cuenta el Evangelio- como no tienen qué comer, siente compasión. Pregunta a sus discípulos: “¿Cuántos panes tenéis?” y con lo poco que tienen da de comer a una multitud, “y comieron todos hasta saciarse”.
Pero yendo un paso más allá este “festín de manjares suculentos” es la Eucaristía, de la que esa multiplicación es signo. El festín es Jesús mismo. Se puede decir en la Eucaristía “aquí está nuestro Dios de quien esperábamos que nos salvará”. Participar de este banquete es recibir la salvación y anticipar el cielo. Dios mismo, en persona, el Esperado, se hace presente en la Eucaristía.
El monte Sión es la Iglesia donde Cristo continúa haciendo realidad todas las promesas del profeta. Y, si tú te acercas a Jesús, las palabras del profeta se harán realidad en tu vida: se arrancará el velo y podrás ver la salvación de Dios. Podrás disfrutar de la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. Él traerá alegría, enjugará tus lágrimas, te restaurará. Esto hacemos en la Eucaristía: celebrar y gozar porque Dios salva.

Relee ahora la lectura, escucha que te dice Dios, qué te inspira, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.