Miércoles 16 de Mayo

Miércoles 16 de mayo
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 20, 28-38
En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.
Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.

Pistas: Es una escena emocionante. Pablo se despide de aquellos hombres con los que había trabajado codo con codo para comenzar la Iglesia en Éfeso. Son los últimos consejos que da a los que él deja al frente de la comunidad.
Primero les manda que cuiden de sí mismos. Esto es muy importante, porque nadie da lo que no tiene. Si estás sirviendo en la Iglesia pero no estás viviendo lo que animas a otros a vivir, acabarás teniendo una crisis. O simplemente te acomodarás y todo tu esfuerzo no servirá para nada O acabarás yendo por el camino que no quieres. Así que, ten cuidado de ti. Vive tu fe, sé feliz. Como decíamos ayer: corre la carrera, es decir, vive.
Y cuidar del rebaño que les ha sido encomendado. No les esconde las dificultades que vendrán. Unas de fuera y otras de dentro. Les manda estar alerta y seguir su ejemplo: dedicar tiempo y esfuerzo, no tener intereses ocultos. “Hay más dicha en dar que en recibir”.
Y, una vez más, todo esto va rodeado de oración y de amor fraterno. Y así se lo demuestran.
Aprovecha esta lectura si tienes una responsabilidad en la Iglesia, o si eres padre o madre de familia, o si entre tus amigos eres la referencia cristiana, para revisarte. ¿Te estás cuidando? ¿Estás cuidando a los que tienes encomendados? ¿Qué puedes aprender de los consejos de Pablo? ¿Qué tienes que cambiar para poder experimentar lo que te cuenta la lectura de hoy?

Relee la Lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.