Miércoles 16 de enero

Miércoles 16 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta.
Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.
Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pistas: Jesús se pone en marcha con los discípulos y comienza su tarea: predica, cura a los enfermos y expulsa los demonios.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. Quédate con el que te llame la atención o con el que ilumine tu situación personal, y reza con él.
La suegra de Simón está enferma. Jesús se acerca, la coge de la mano y ella se recupera. Y se pone a servirles. Qué bonita la reacción de esta mujer. Y cuando Jesús nos cura a nosotros ¿qué hacemos? ¿nos levantamos y le servimos a Él y a los que nos necesitan? ¿o seguimos a nuestras cosas?
Muchos buscan a Jesús y Él los atiende. Siempre atiende a los que le necesitan. Esto tiene una doble implicación: si necesitas a Jesús, no tengas miedo. Acude a Él, lo encontrarás. Y si “representas” a Jesús en la Iglesia, tienes que ser como Él. El que te necesite tiene que encontrarte.
Escuché algo muy bonito sobre la entrega hace poco: el pan de la Eucaristía se parte, los cristianos tenemos que ser pan partido, entregar nuestra vida al que lo necesite. Partirnos, rompernos en este sentido por los demás, cada cual desde su misión. Pero también es pan entero, en cada pedazo de pan está la Eucaristía completa. Un tiempo y una vida entregados, pero plenos, con una entrega de verdad, completa en cada momento. Y Jesús actúa así.
Jesús ora y ora sin cesar, saca tiempo para hacerlo… ¿cuántas veces en la rutina no lo hacemos? ¿cuántas veces encontramos mil excusas para andar a lo nuestro y olvidarnos de Dios?
Y cuando ha triunfado y todos le buscan, Jesús no busca la gloria humana. Tiene claro que la voluntad de Dios es llevar el Evangelio a más lugares y continúa, no se acomoda. Una tentación también frecuente en la Iglesia es el siempre se ha hecho así, aquí estoy cómodo, esto funciona… y Jesús nos enseña a movernos y continuar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.