Miércoles 14 de noviembre

Miércoles 14 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Jesús camina por un territorio fronterizo entre Samaría y Galilea. Desde lejos, porque no pueden acercarse a la gente ni permitir que se les acerquen, un grupo de leprosos le piden ayuda. Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Pero Jesús los mira. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote. Porque era preciso que cuando un leproso se curaba se presentase al sacerdote para que confirmase que estaba sano. También debía llevar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanos cuando iban de camino.
De todos ellos sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano. Como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, con Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y te haga pensar en la necesidad de ser agradecido. Te invite a pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y acudir a Jesús dando gracias por lo que te regala.
Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) ya no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (lejos de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual cómo estés. ¿Crees que eso es lo importante para Jesús? Tú llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Da igual que te parezca que Jesús está lejos porque Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Sea por el camino que sea, si dejas a Jesús entrar en tu vida, encontrarás su salvación.
Déjate mirar por Él, porque su mirada es de amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos. Y así verá tu vida y tú la verás a su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.