Miércoles 13 de noviembre

Miércoles, 13 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Jesús está pasa por un territorio fronterizo entre Samaría y Galilea. Desde lejos, porque no pueden acercarse a la gente ni permitir que se les acerquen, un grupo de leprosos le piden ayuda. Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Pero Jesús los mira. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote, ya que cuando un leproso se curaba iba a presentarse al sacerdote para que confirmase que estaba sano, presentar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanos cuando iban de camino.
Sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano y, como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, con Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y a ser agradecido. Te invita a pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y acudir a Jesús agradecido cada vez. Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) ya no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (lejos de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual todo eso. Llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Jesús no está lejos. Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Si dejas a Jesús entrar en tu vida encontrarás su salvación.
Jesús te mira con amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos. Y así Él verá tu vida y tú la verás su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
Tú puedes ser de los que pasa de largo, o de los que se enteran de verdad de qué va la salvación. ¿De qué lado eliges estar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.