Martes 7 de mayo

Martes, 7 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 30-35
En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Pistas: Después de la multiplicación de los panes y los peces y de que Jesús caminase sobre el agua ante sus discípulos, comenzábamos ayer este diálogo que habla de pan, pero en el fondo habla de Jesús. Ayer Jesús decía que el trabajo que Dios quiere es que creamos en Él, en Jesús.
Hoy, ante tal afirmación, le preguntan: ¿cuáles son tus obras? ¿tú quién eres para que creamos en ti?
Y Jesús da un paso más. No fue Moisés el que les dio pan del cielo, fue mi Padre. Y el verdadero, el que de verdad puede saciar y dar vida es Jesús mismo.
Qué fácil de entender es la imagen del hambre y la sed. ¿Alguna vez las has sentido? Pues si miras en tu interior seguramente encuentres ahí también hambre y sed de plenitud, de felicidad, de paz, de alegría, de sentirte realizado, amado, de encontrar sentido. En definitiva, hambre y sed de Dios. Puedes llamarle de muchas maneras, pero te aseguro que sólo Dios puede saciarte. ¿Tienes hambre y sed? Jesús dice hoy que si acudes a Él no pasarás hambre y no pasarás sed.
El otro pan, el de Moisés, el que todavía no tiene la plenitud de Jesús y del Espíritu Santo, el que alimenta el cuerpo; el otro pan, el pan de las cosas buenas de la vida, el pan cotidiano; ese pan es bueno, pero no puede saciar. El verdadero, el que Dios envía del cielo y puede dar vida y plenitud para siempre, ese pan es Jesús que se entrega por ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida