Martes 7 de julio

Martes, 7 de julio
XIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 32-38
En aquel tiempo, llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: Nunca se ha visto en Israel cosa igual.
En cambio, los fariseos decían: Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dijo a sus discípulos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Pistas: Jesús siente compasión de las gentes que están «extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Él lucha contra el demonio, el mal, el sufrimiento y el pecado. Ya está anunciando la Buena Noticia, el Evangelio del Reino. Cura y sana. Pero quiere trabajadores que vayan con Él, en su nombre, que hagan lo mismo que Él ha hecho. Que traigan el Reino, anuncien la Palabra, luchen contra el demonio, sanen a las personas… Para que la muchedumbre no se sienta ni estén como ovejas sin pastor.
Hoy el Evangelio te pide rezar para que Dios envíe trabajadores a su pueblo. Pero esta oración implica un compromiso. ¿Y si Dios te llama a ti a ser su obrero? ¿en qué te llama a trabajar a su lado? Si quieres ver las maravillas del Reino de Dios, que el mundo se parezca a lo que Jesús quiere construir, eres invitado a entrar en el Reino y ser un trabajador.
La acción de Dios siempre tendrá personas que se admiren y otras que critiquen. Unas que lo acepten y otras que busquen la manera de darle la vuelta y negarla (como los que acusaban a Jesús de actuar con el poder del demonio). Reza y escucha qué te pide Dios a ti. No tengas miedo y déjate guiar por Él, que nunca defrauda.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.