Martes 6 de agosto

Martes 6 de agosto
Transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Pistas: Jesús es Dios y hombre. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Hoy muestra la gloria de su divinidad a Pedro, Santiago y Juan. Antes de la pasión quiere que tengan esta experiencia para que después de la resurrección puedan descubrir de modo pleno quién es Jesús. Cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos brillaban, vieron su gloria, se transfiguró ante ellos.
Conversan con Él Moisés y Elías: símbolo de la Ley y la Profecía del Antiguo Testamento. Significa que en Jesús hay continuidad. Él es el esperado, el Mesías. En Él se cumple, pero de un modo totalmente sorprendente, lo que estaba escrito. Y “vieron su gloria”.
Pedro no era consciente de lo que eso suponía y quería seguir en aquel lugar de descanso, de visión de la divinidad de Jesús, de continuidad (Moisés y Elías, Ley y profecía). Pero Jesús no les va a dejar conformarse ni ser cómodos. Y vuelven a “bajar” al mundo, donde les va a mostrar quién es y cómo es su mesianismo con su muerte y resurrección.
No basta con ver y asombrarse. Una voz les dice: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Desde una nube, lugar de la manifestación –teofanía– de Dios en el Antiguo Testamento Dios les dice: escuchad (oíd y entended).
De vez en cuando en la vida Jesús nos lleva a un lugar en el que experimentamos su gloria. En una oración, en una vigilia, en un retiro… Pero ahí no podemos quedarnos, ni siquiera en una experiencia bonita. Tiene que llevarnos a descubrir quién es Jesús, quién es Dios en el mundo. Y experimentar a Cristo vivo y resucitado para ser testigos de su amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida