Martes 4 de septiembre

Martes, 4 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, se puso a gritar a voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: El Santo de Dios.
Jesús le intimó: ¡Cierra la boca y sal! El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Pistas: Jesús no sólo enseña palabras e ideas. Tiene autoridad porque ésta realiza lo que dice y anuncia. Su palabra es poderosa para vencer al mal. El demonio no la soporta. Hasta él tiene que obedecerla. Y ya no puede hacer nada, se calla y se marcha. Ya no tiene poder en la vida de las personas.
Hay autoridad en la Palabra de Jesús, hay autoridad en su presencia. Por eso los cristianos no podemos vivir acobardados ante el mal, ya que Dios está de nuestra parte. Y Él venció para que tú obtuvieras la salvación.
Piensa en tu vida, en las situaciones de mal que encuentras y reza con este Evangelio. Si crees, verás actuar el poder del Espíritu Santo, el mismo que actuaba en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.