Martes 28 de julio

Martes, 28 de julio
Semana XVII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 36-43
En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a decirle: Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.
Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Pistas: Los amigos de Jesús pueden preguntarle, escucharle. En realidad, eso es rezar y ese es el grado de intimidad que Jesús quiere tener con sus discípulos. Es lo que estas pistas intentan ayudarte a hacer cada día: estar con Jesús como en casa, preguntarle, escucharle, que te explique…
La parábola de la cizaña te dice que realmente el mundo terminará dividido en buenos y malos. Pero por el camino no se distingue el trigo de la cizaña ni la cizaña del trigo, sólo por el fruto. El juicio lo hará el Hijo del hombre, lo hará Dios, al final de la historia. Él separará a los justos de los corruptores y malvados. No te toca a ti ahora mirar la planta y decir: éste es bueno, éste es malo. Pero sí puedes mirarte a ti mismo y preguntarte: ¿Mi vida da fruto de buena semilla o de cizaña? ¿soy el fruto que da la semilla del Reino o más bien me parezco a la del Enemigo? (esto no va de la vida de mi vecino, sino de la mía).
Esta parábola nos hace caer en la cuenta de que también en la Iglesia siempre habrá cizaña mezclada con la buena semilla. Si esperas a la Iglesia perfecta, a la comunidad perfecta… nunca harás nada. Nunca crecerás, nunca darás fruto y la cizaña te envolverá.
Y nos hace pensar también en la seriedad de la libertad que Dios nos ha concedido. No da igual vivir de un modo o de otro. Esta parábola es también una llamada a la conversión, a hacer crecer la luz en tu vida (para “brillar como el sol”).
“El que tenga oídos, que oiga”. Tienes la Palabra de Dios que te anuncia la verdad… Pero no servirá de nada si no oyes, si no escuchas, si no trabajas para ser ciudadano del Reino. ¿Qué vas a hacer?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.