Martes 24 de septiembre

Martes 24 de septiembre
Bienaventurada Virgen María de la Merced

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 8, 19-21
En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. Él les contestó: Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

Pistas: Escuchar y poner por obra la Palabra de Dios te hace familia de Jesús. Éste es el tipo de relación que Jesús ha venido a construir. No la de un amo y sus siervos, ni la de un líder y sus seguidores. Sino la de una familia auténtica.
Por tanto, ser discípulo de Jesús no sólo es seguirle, cumplir, conocerle… Es establecer una relación con Él. Si vives como discípulo de Jesús, serás de los suyos, de los de su casa, de su familia.
Así es el Dios cristiano. El que se acerca tanto a nosotros que nos hace entrar en su vida y nos la regala. El padre de la parábola del hijo pródigo que cuando vuelves después de tus errores te recibe en casa de nuevo. Y, si ya estás en casa –como el hermano mayor- te dice: “todo lo mío es tuyo”. Construir este tipo de relación es el camino que vas recorriendo día a día al rezar con la Palabra de Dios.
La familia de Jesús son “los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra”. ¿Quieres ser de los suyos? ¿quieres que Dios no esté lejos sino que sea Padre, hermano, amigo, tan interior a ti como lo es el Espíritu Santo? Aprovecha este evangelio para hacerte las siguientes preguntas: ¿iluminas tus circunstancias, tus decisiones, tus relaciones con la Palabra de Dios? ¿qué tienes que cambiar, en qué tienes que avanzar para que tu fidelidad sea cada vez mayor?
Recuerda que Jesús te da la fuerza para hacer lo que te pide y el Espíritu Santo hace posible que se haga realidad lo que la Palabra de Dios anuncia. Por eso, no tengas miedo y avanza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.