Martes 2 de octubre

Martes, 2 de octubre
Santos Ángeles Custodios

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.»

Pistas: Hoy en una versión distinta leemos el mismo Evangelio en San Mateo. Tres días seguidos encontramos la respuesta de Jesús a la búsqueda de los primeros puestos y ser importantes. Hoy tiene además un matiz nuevo. Hay que volver a ser como niños, hay que hacerse pequeño como ellos. No sólo acoger a los pequeños, no sólo no escandalizarlos… hay que hacerse como ellos. Ya no para ser grandes, sino para poder entrar. Porque la dinámica del Evangelio es el amor y la gratuidad, el servicio, la entrega, la verdad…
Y “cuidado con despreciar a uno de estos pequeños”, porque en acoger al pequeño nos jugamos nuestra acogida al mismo Jesús. Nuevamente aquí encontramos la llamada de Jesús a construir una Iglesia que huye de la pretensión del poder, los puestos, las influencias, los intereses… Porque si está preocupada de eso no lo está de las personas, de la fe, del camino que Jesús enseña.
En estos días tienes la oportunidad de examinar tu vivencia de la fe ¿Cuánto hay en ti de soberbio, orgulloso o interesado? ¿Cuánto hay de esto en la comunidad que construyes desde tu lugar en la Iglesia? Hay que hacerse como niños. Por eso, ora nuevamente con el Evangelio ¿Qué te pide el Señor hoy? ¿Qué le respondes?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.