Martes 17 de septiembre

Martes, 17 de septiembre
XXIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Pistas: Lucas nos da muchos detalles que permiten imaginar la escena.
Por un lado, Jesús con sus discípulos y un gran gentío. Por otro, la viuda, los familiares, vecinos y, según la costumbre judía, seguramente plañideras y músicos. Y en medio de todo esto está Jesús. Siente lástima y se acerca. Entonces se hace silencio. Se paran. Porque Jesús va a actuar. No sana desde lejos, sino que toca al muerto (algo impensable en la mentalidad judía, porque se pensaba que contraía impureza). Con su palabra lo resucita. No monta un gran espectáculo ni hace ritos raros. Y se lo entrega a su madre. La gente, sobrecogida, da gloria a Dios.
Este pasaje nos ayuda a conocer mejor a Jesús: compasivo, que ve al que sufre y actúa. Que se acerca al dolor y toca a la persona, salvándola. Jesús poderoso, cuya palabra es eficaz. Jesús, que devuelve la vida, que da esperanza, que cambia las cosas. Jesús que dice: “levántate”.
Por un lado, lamentos y lloros que no logran nada. Por otro, una palabra poderosa que trae salvación. “Dios ha visitado a su pueblo”. Y la clave es que aparezca Jesús. Así que una vez más acércate a Él hoy y deja que te hable en su palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.