Martes 16 de abril

Martes 16 de abril
Martes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.» Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy, vosotros no podéis ir.»» Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»
Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.» Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Pistas: El contexto de esta escena es la Última Cena. Y en ella encontramos dos personajes principales: Judas y Pedro. Ambos fallarán a Jesús, pero sus motivaciones y sus reacciones son completamente diferentes.
San Juan nos cuenta que Judas se ha dejado corromper. Es un ladrón que traiciona a Jesús por una bolsa de monedas y después no es capaz de superar el sentimiento de culpa. Termina suicidándose. Probablemente había ido separándose interiormente de su Maestro, al que empezó a seguir lleno de ilusión.
Pedro se siente muy seguro de sí mismo. Jesús le reconoce un puesto especial entre los Doce. Pero después será cobarde y débil. Intentará defender a Jesús, sacará la espada para luchar por Él y cortará la oreja a un criado, pero Jesús curará a ese hombre y le mandará parar. Pedro no entiende, tiene miedo y no será capaz de estar junto a Jesús. Lo negará. Pero llorará amargamente sus negaciones, se arrepentirá, acogerá el perdón de Jesús y dará su vida por Él.
Todos tenemos algo de Judas (de dejarnos corromper, de consentir el mal y el pecado en nuestra vida, de sentirnos atraídos por el camino fácil) y algo de Pedro (orgullosos y seguros de nosotros mismos, pero en el fondo cobardes y débiles, incapacitados para entender la voluntad de Dios y fiarnos).
Puedes rezar dejando que esta escena ilumine tu vida y tus actitudes. Jesús siempre deja la puerta abierta al perdón, por muy fuerte y grande que sea tu pecado y tu error. Jesús siempre te preguntará como después de resucitar le preguntó a Pedro: ¿Me amas? Y si eliges el camino del amor, un amor que supera tus fuerzas y que sólo es posible por el poder del Espíritu Santo, podrás como Pedro crecer, amar y recorrer el camino que Dios tiene para tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.