Martes 15 de enero

Martes 15 de enero
I semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 1, 21-28
Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios. Jesús lo increpó: Cállate y sal de él.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte salió.
Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Pistas: Jesús tiene autoridad. Su enseñanza tiene autoridad, no son sólo palabras, por eso tiene poder sobre el demonio. Jesús no sólo anuncia la salvación, no sólo anuncia el Reino de Dios, sino que lo realiza. Su Palabra es eficaz, hace lo que dice.
Lo más grande de todo esto es que Jesús, tras su resurrección, nos regala participar de ese mismo poder y autoridad. La fuerza del Espíritu Santo que movió a Jesús, la tenemos desde el día de nuestro bautismo. Por eso podemos llenarnos del Espíritu Santo y tenemos autoridad para traer el Reino de Dios a nuestro mundo.
La Iglesia, los discípulos de Jesús, no sólo anuncian la salvación, sino que tienen poder para realizar lo mismo que Jesús hizo. No sólo es una Buena Noticia, es una Buena Noticia que se puede realizar. Y por eso estamos llamados a transformar el mundo. No sólo a diagnosticar lo que ocurre a nuestro alrededor.
Jesús trae algo nuevo. Es el Santo de Dios, el que tiene poder para cambiar todo. Está resucitado y vivo. Y tú tienes la fuerza del Espíritu Santo, tienes a Jesús a tu lado ¿Podemos los cristianos conformarnos con un mundo en el que el mal vence? ¿podemos conformarnos si nuestra vida no cambia las cosas? ¿podemos esperar a que sean otros los que actúen mientras nos quedamos de brazos cruzados?
Acércate a Jesús, pide el Espíritu Santo y te pasará como a los del Evangelio: “Todos se preguntaron estupefactos: ¿qué es esto?”

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.