Martes 14 de mayo

Martes 14 de mayo
San Matías, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 9-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que no me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Pistas: ¿Para qué es todo esto? ¿qué es lo que Dios quiere? La respuesta es sorprendente: quiere darte su vida, hacerte partícipe de su vida eterna, decía ayer el Evangelio. Quiere que su alegría esté en ti y que llegue a plenitud. Quiere responder a la sed de plenitud que hay en tu corazón.
Y ¿cuál es el camino? Permanecer en el amor de Jesús. Dicho de otro modo, encontrarse con Él, experimentar su amor y vivir en él. Y esto se concreta en cumplir los mandamientos de Jesús. En un estilo de vida determinado. Y es que el amor cambia la vida (piensa en tu propia experiencia, cuando alguien te ha amado de verdad o tú has amado de verdad).
Y luego, Jesús explica más. El mandamiento es el amor. Ayer decíamos, Jesús va delante. También en el amor, entregó la vida y nos enseñó así el camino. No es un amor egoísta (que ni merece ese nombre), no es un amor sólo de sentimiento, ni es un amor que se pueda vivir con las solas fuerzas humanas. Es el mismo amor que llevó a Jesús a entregar su vida por sus amigos. Es decir, por ti y por mí y por todos. Entonces, si haces lo que Jesús manda, si vives en su amor, serás su amigo. ¡Qué grande es esto! Porque no vas a vivir de oídas, vas a vivir con la experiencia de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, con la presencia y la amistad de Jesús. No eres un siervo al que Dios dice lo que tiene que hacer, eres su amigo, al que da su vida, al que da su alegría, al que lleva a plenitud. Y el mandato es precisamente vivir esto.
Es Él el que elige. La fe es un don. Tú eres un elegido por Dios para recibir su fe, para que le conozcas, para que se haga realidad todo lo que lees y oras cada día. Y esto dará fruto. Tiene que darlo. No puede ser de otro modo, si vives en el amor de Jesús.
Hay poder en el nombre de Jesús. Qué bonito descubrir esto. Los cristianos no somos unos acomplejados, flojos y ñoños. En el nombre de Jesús tienes poder. Si le pides al Padre en el nombre de Jesús (como hacemos en cada misa: “por Jesucristo nuestro Señor”) tu oración tendrá fuerza. Dios te escucha.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.