Martes 12 de marzo

Martes 12 de marzo
I semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a la vida lo que has aprendido en la oración)

Evangelio según san Mateo 6, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.
Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.”
Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Pistas: Ayer el Evangelio nos ayudaba a entender mejor qué significa dar limosna y qué implicaciones tiene. Y hoy nos enseña sobre la oración.
No se trata de convencer a Dios, de hacer ritos para intentar manipularle. No es magia, ni arrancar favores a un dios que pasa de nosotros. Dios es Padre, Dios ama y se preocupa por ti. “Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis”. ¿Qué actitud nace de esto? La confianza. Por eso, para rezar, toma primero conciencia de quién y cómo es Dios, sitúate ante Él y piensa en quién eres tú para Él.
Jesús les enseña la oración del Padre Nuestro. Puedes hoy rezarla despacio. Parándote en el significado de cada palabra o cada frase. Aquí te doy sólo unas pistas. Hay libros enteros comentando cada frase del Padre Nuestro. No quieras abarcarlo todo. Cuando releas párate en algo que te haga rezar y déjate llevar:
-Padre: Jesús, llama así a Dios. Abba, “papá”. Un padre bueno, que ama, que te hace hijo suyo, que hace que los demás sean tus hermanos. -Nuestro: la comunidad, no rezas solo, rezas con muchos, rezas por muchos.
-Del cielo: Dios trasciende este mundo, está por encima de él. El cielo hace referencia a las cosas altas, de él viene la lluvia, en él está el sol, que dan vida. -Santificado sea tu nombre. Que Dios sea Dios, que todos santifiquen a Dios.
-Venga tu Reino: una petición y un compromiso ¿qué es el Reino? ¿cuáles son las características de ese Reino? ¿tú que puedes hacer para que venga?
-Hágase tu voluntad…: una petición y un compromiso. En todo “en la tierra como en el cielo”. ¿Tú que haces para que se haga la voluntad de Dios?
-Danos el pan. Estamos en manos de Dios. El de cada día. No pedimos más, porque Dios es Padre, porque podemos confiar en Él, porque sabe lo que necesitas antes que lo pidas. Pero tu vida está en sus manos.
-Perdónanos, pues perdonamos. Nuevamente, una petición y un compromiso. Jesús manda vivir en el amor y sólo ese es el camino.
-No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno. Nuestra lucha es contra el demonio, contra el mal, contra esa fuerza que hay en el mundo y en nuestra vida que nos inclina al mal. Y sólo se puede vencer con la ayuda de Dios. Nuevamente una petición y un compromiso. Luchar contra el demonio.
Lo último es remarcar que pides y rezas, pero tienes que actuar. No vale con pedir perdón sino perdonas. No vale el “venga tu Reino”, “hágase tu voluntad” o “perdónanos” si no construyes el Reino, buscas la voluntad de Dios o perdonas.
Por eso la última parte de la oración tiene que ser siempre llevarlo a la vida. Actuar con la fuerza y el poder de Dios que has recibido en la oración. Y por eso a partir de ahora vamos a añadir un quinto paso en el recordatorio. Actúa: lleva a tu vida lo que has recibido en la oración.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.