Martes 11 de junio

Martes, 11 de junio
San Bernabé, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 10, 7-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
-«Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.
No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.»

Pistas: Seguir a Jesús implica recibir una misión. Estos hombres llevaban tiempo con Él, aprendiendo y viendo las cosas que hacía y decía. Van descubriendo quién es. Y hoy los envía: “id y proclamad”. Les manda hacer lo mismo que él hacía.
Tal vez al leer esto pienses: “bueno, esto no va conmigo… es para los obispos, los curas o los misioneros, o para las monjas…”. Pero hay una clave que sirve para todos: “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. La fe no puede dejarnos indiferentes, tiene que transformar nuestra vida, tiene que llevarnos a un modo de ser y actuar. La fe es un regalo, pero no es una baratija. Es gratis, pero transforma. Y seguro que Jesús te está pidiendo algo a ti hoy. Porque el Espíritu Santo actúa en tu vida, te da la salvación de Dios como un regalo. No por ser bueno o porque hayas hecho algo para merecerlo, porque esto no funciona así. Y este gran regalo ¿te lo puedes guardar para ti? Un amor sin condiciones, un poder que puede transformar el mundo ¿nos lo podemos guardar en la Iglesia para nosotros?
Hace unos días escuchaba a un hombre decir que cada vez se atrevía menos a manifestar públicamente su fe. No se atrevía a decirle a un familiar que se examinaba que estaba rezando por él, no quería que pensase cosas raras o creyese que dudaba de él o de su capacidad. O en una conversación se callaba sus ideas cristianas para que no le tildasen de retrógrado o fundamentalista. Pero entonces, si vivimos así, ¿qué fe tenemos? ¿qué valentía? ¿qué nos importa? ¿qué amor o esperanza nos da la fe? ¿cómo podrá actuar el Espíritu Santo en nosotros? No se trata de dar lecciones, ni de ser buenos o creernos mejores. Se trata de corresponder, de fiarse, de amar y de vivir. Se trata de dejar a Dios ser Dios en tu vida.
Fíjate: Jesús les manda realizar unas acciones y les da poder para hacerlo. Luego volverán contentos porque han sucedido las cosas que Jesús les mandó hacer. Les advierte de cuál ha de ser su actitud: fiarse (no ir con seguridades), saber que Dios cuida de ellos. No buscar prosperar para tener paz. ¿Cómo quieres que sea tu fe?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.