Martes 11 de febrero

Martes, 11 de febrero
B. Virgen María de Lourdes

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos) (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?
Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Y añadió: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte». En cambio vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.

Pistas: Jesús les dice a personas muy religiosas de su tiempo que honran a Dios con los labios pero su corazón está lejos, que el culto que dan a Dios está vacío porque su doctrina son sólo preceptos humanos. La conclusión es terrible: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”.
Lucha contra una manera de entender la religiosidad que, en el mejor de los casos, es un mero cumplimiento externo de normas, y otras veces, una justificación para intereses particulares o sentimientos de superioridad. Por eso les pide que miren al corazón y se pregunten cuál es el mandamiento de Dios, cuál es la esencia.
Este Evangelio nos pregunta por nuestra religiosidad. ¿Cuáles son y para qué me sirven las tradiciones que sigo? ¿Cómo es mi religiosidad? ¿Cómo es la comunidad, la Iglesia, que construyo? Jesús pide un corazón que esté cerca de Él, un culto que no esté vacío, una doctrina que busque a Dios y no intereses humanos. Y eso se refleja en mi relación con el prójimo y en mi manera de afrontar las decisiones en todos los ámbitos de la vida.
“Y como éstas hacéis muchas”. Éste es el camino de la corrupción. Cuando el pecado, el error, la mentira, dejan de parecer graves y se justifican. Y eso impide acercarse a Dios. Y hace entrar en un círculo vicioso, muchas veces revestido de apariencias (apariencia de religiosidad o de bondad o de honestidad…).
Jesús no se mordió la lengua ni dejó de denunciar todo lo que aparta al hombre de Dios. Y a ti te llama también a un camino de verdad y vida. Cerca de Él y con la fuerza del Espíritu Santo es posible.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.