Martes 11 de abril

Martes 11 de abril
Martes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.» Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.» Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificara en sí mismo: pronto lo glorificara. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: “Donde yo voy, vosotros no podéis ir.”»
Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.» Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.» Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Pistas: San Juan quiere dejar claro que Jesús entrega su vida. Es un acto de amor por los hombres y fidelidad a la misión que el Padre le encomendó. Por eso Jesús dice que va a ser glorificado. Y por eso le dice a Judas: “Lo que tienes que hacer hazlo enseguida”. En lo que va a suceder misteriosamente se va a cumplir el plan de Dios.
Pero, por otra parte, Jesús está “profundamente conmovido”. Sus amigos le van a traicionar y a negar. Le van a abandonar. Sólo uno, el más joven, San Juan, “el que Jesús tanto amaba”, seguirá al pie de la cruz con su Madre y unas mujeres. Jesús, el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, se conmueve por lo que va a suceder.
Judas por unas monedas va a entregar y traicionar a Jesús. Pedro, por cobardía, por miedo… negará a Jesús cumpliéndose lo que Éste le ha anunciado. Judas deja al demonio entrar en su vida, se alía con el mal y el mal le lleva a la destrucción. Pedro se arrepiente y sufre por haber negado a Jesús. Se equivoca, pero se arrepiente. Es débil, pero en Jesús y con el poder del Espíritu Santo será fuerte, valiente, generoso… Será como Jesús.
Al releer el Evangelio contempla la escena, a Jesús que confía en Dios. Lo hizo en toda su vida y en el peor trance, cuando sabe que será asesinado. Cuando a pesar de que podría evitarse este momento, es necesario que suceda. Y también contempla a Judas y a Pedro. ¿Cuántas veces traicionamos, negamos o abandonamos a Jesús con nuestras actitudes? ¿Cuánto pecado hay en nuestra vida? Pero Pedro regresó a Jesús, reconoció a tiempo su error, su miedo, y le dijo: “Tú sabes que te quiero”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.