Lunes 8 de abril

Lunes 8 de abril
VI semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)

Evangelio según san Juan 8, 12-20
En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar a los fariseos:
—«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.» Le dijeron los fariseos:
—«Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es válido.»
Jesús les contestó: —«Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre.» Ellos le preguntaban:
—«¿Dónde está tu Padre?»
Jesús contestó:
—«Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.»
Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Pistas: Jesús es la luz del mundo. Seguirle a él es caminar en la luz y tener vida. Si alguna vez has estado en una noche oscura en el bosque o en la montaña sin una linterna se pasa miedo, no sabes lo que puede aparecer, no ves por donde vas. Todo es distinto cuando hay luz y todavía más cuando hay una luz que seguir. Sabes dónde estás y a dónde vas.
A los judíos les resulta escandaloso que Jesús diga esto. Comienza una discusión sobre la validez del testimonio de Jesús. No pueden aceptarlo porque en el fondo no conocen a Dios. Es necesario superar la carne (es decir, el mundo, los criterios mundanos), es necesario asomarse al misterio de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, que en el Hijo se hizo hombre, y este hombre, Jesús, se convirtió en el camino para conocer a Dios mismo.
Todo el misterio de Dios se revela en Jesús, por eso es la luz. Pero no una luz tenue, mortecina o estática, sino una luz que ilumina, que guía, que da vida. Su testimonio es el de la Palabra, el Hijo de Dios hecho hombre. Hace las obras que el Padre le manda, cumple su voluntad.
Acércate al misterio de Jesús una vez más. Recuerda que al releer el Evangelio no hace falta fijarse en todo, si algo te llama la atención o te hace pensar. Detente ahí y reza con ello. Y la luz te iluminará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.