Lunes 5 de junio

Lunes 5 de junio
San Bonifacio, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los letrados y a los senadores:
Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
A su tiempo envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado: a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido.
Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: Este es el heredero.
Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.
Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y se marcharon.

Pistas: Retomamos de nuevo el tiempo ordinario que habíamos dejado para celebrar la cuaresma y la pascua.
Jesús está en Jerusalén. Es la última semana de su vida. Está de vuelta en la plaza del Templo (Mc 11,27), donde ahora empieza el enfrentamiento directo con las autoridades. Por medio de esta parábola Jesús da una respuesta indirecta a los sacerdotes, escribas y ancianos que le habían preguntado: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dio autoridad para hacer esto?” (Mc 11,28).
Jesús les habla a los poderosos de su tiempo: líderes religiosos y sociales. Denuncia que se han apropiado y se están aprovechando de lo que no es suyo. El poder que tienen es una responsabilidad y un servicio, no una ganancia. Pero ellos no quieren verlo. Y finalmente rechazarán a Jesús. No quieren entender ni aceptar su poder. Pero Dios no lo abandonará, como hemos celebrado durante cincuenta días. Jesús, desechado, abandonado, crucificado, es convertido por su resurrección en la piedra angular, es decir, en el que sostiene el edificio (para nosotros la Iglesia, la viña de la parábola).
Dios se ha ido revelando al pueblo judío progresivamente (el Antiguo Testamento recorre esta historia de Dios con el pueblo de Israel y los criados enviados son los profetas). Jesús es la plenitud de la revelación de Dios, todo lo que Dios ha querido darnos y enseñarnos. Pero los que están acomodados en el poder y la rutina, los que han hecho un modo de vida la religión y se aprovechan de ella, no aceptan a Jesús. Rechazan al Hijo.
A través de esta parábola podemos preguntarnos cómo ejercemos nuestro poder y responsabilidad en la Iglesia y también en el mundo. Y, por otra parte, cómo acoges a Jesús en tu vida cuando aceptarle supone un conflicto de intereses. Si Él es el centro el edificio se mantendrá en pie, pero si no… Cada día nos enfrentamos a decenas de decisiones. Reflexiona si Jesús cuenta en las mismas, o si por el contrario lo mantienes al margen. El Evangelio hoy nos recuerda que sin la piedra angular tu vida, tu parroquia, tu comunidad, la Iglesia, se tambalearán hasta que vuelvas a ponerla nuevamente en el centro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.