Lunes 4 de febrero

Lunes 4 de febrero
IV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos.
Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? El respondió: Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: Déjanos ir y meternos en los cerdos. Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago.
Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Pistas: Jesús sale de Israel. Allí se encuentra con un poseído. Fíjate cómo lo describe: habita en el lugar de los muertos (en el cementerio), se hace daño a sí mismo, es violento, le tienen miedo, nadie puede con él, no descansa (día y noche gritando y corriendo), está solo. Se parece más a un animal que a una persona.
Cuando ve a Jesús –que estaba mandando al espíritu inmundo salir de aquel hombre- no puede resistirse, tiene que someterse a su poder. Reflexiona sobre lo que significa esto para tu vida, para la Iglesia, para el mundo. Si Jesús está ¿quién tiene más poder que Él?
Hay otros detalles que pueden hacernos pensar. El demonio, el mal, tiene nombre. También en tu vida y en el mundo ¿Cuál es su nombre? Siempre intentará engañar, mentir, ocultar… pero si le llamas por su nombre podrás luchar contra él con el poder de Jesús.
La escena de los cerdos está llena de simbolismo. El cerdo era impuro para el judaísmo. El demonio sólo busca la muerte y la destrucción, el sufrimiento y el mal. Y eso causa a su alrededor. Va a ese animal impuro y se lanza al lago (en la Biblia simboliza el caos).
El hombre aparece “sentado, vestido y en su juicio”. Podemos decir que vuelve a ser humano. Qué bonito descubrir que la presencia de Jesús humaniza. Y qué responsabilidad encontrar caminos para volver a humanizar muchos aspectos de nuestra sociedad.
Los porquerizos prefieren a sus cerdos antes que a Jesús. Ven al endemoniado curado y restablecido, pero les da igual y le piden a Jesús que se vaya.
Dios tuvo misericordia de aquel hombre y él obedeció a Jesús, se dedicó a contar lo que Dios había hecho con él y gracias a su testimonio muchos creyeron.
Lee otra vez el Evangelio y quédate con alguna de las ideas que te sugiera. Escucha que te quiere decir hoy Dios en su Palabra y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.