Lunes 30 de septiembre

Lunes 30 de septiembre
San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 9, 46-50
En aquel tiempo los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.
Juan tomó la palabra y dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.
Jesús le respondió: No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro.

Pistas: Jesús acaba de anunciar a sus discípulos que va a padecer mucho, morir y resucitar. Y ellos se ponen a discutir de los puestos. Todavía les falta mucho camino para comprender a Jesús. Esta vez Él se adelanta a la pregunta de sus discípulos, toma a un niño y lo pone en medio. “El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado”. Ser grande significa acoger al pequeño, y esto implica acoger a Jesús y al Padre. Implica tener un corazón abierto al otro, al que es pequeño y no puede darme nada a cambio. Difícilmente podrá hacer esto el que busca puestos y reconocimientos, el que planifica cómo actuar para lograr su objetivo.
¿Quién es importante para Jesús? El que ama, porque sólo así podrá hacer realidad la acogida que Él pide.
Por si no había quedado claro: “el más pequeño de vosotros es el más importante”. ¿Cuántas veces funcionamos al revés? El importante es el que tiene dinero, poder, fama, el que puede hacer algo por nosotros… Sin embargo, al pequeño, el que no nos puede devolver nada, el que nos necesita… lo vemos como una carga y no lo queremos en nuestra vida. Sólo aprendiendo a amar como Jesús amó, sólo experimentando el amor incondicional de Dios, se puede tener la actitud que pide hoy Jesús en el Evangelio: hacerse pequeño, no vivir del qué dirán, para así amar y acoger a todos.
A continuación, Juan le cuenta a Jesús que quisieron impedir a uno que echaba demonios en su nombre, hacerlo. Jesús le enseña: está a favor nuestro, no se lo impidas. ¿Cuántas veces creemos que nuestro grupo eclesial, nuestro movimiento, nuestra parroquia, son mejores? Si los demás no hacen las cosas como nosotros, no nos gustan. Este hombre actuaba con el poder del nombre de Jesús. Había entendido que Jesús podía vencer al mal y estaba actuando. Y si en vez de tratar de destruir al que no comprendemos nos acercamos a él… ¿no será ese el camino que Jesús nos pidió al decir que fuésemos uno?
Amar, acoger, estar unidos para ser importantes, para ser grandes, para ser discípulos de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.