Lunes 30 de marzo

Lunes, 30 de marzo
V Semana de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Pistas: Recuerda que un modo de orar con la Palabra de Dios es situarse en la escena e imaginarla, ponerse en el lugar de los personajes, descubrir qué nos puede enseñar para nuestra vida.
Hoy encontramos, por un lado, la ley sin misericordia que lleva al juicio, a la violencia, a la condena y a la muerte. Y, por otro, el amor misericordioso de Jesús que perdona, que salva y que invita a cambiar de vida.
El cambio de perspectiva es absoluto. Unos pecadores acusan a una mujer, pecadora como ellos (Jesús les dice: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra… se fueron escabullendo uno a uno”). No buscan cumplir la ley de Moisés sino encontrar argumentos contra Jesús. Pero Él no cambia su actitud ni a pesar del peligro inminente que corre su vida. Jesús viene a perdonar, a amar y a salvar: “¿Dónde están tus acusadores? ¿ninguno te ha condenado?… tampoco yo”. Le da nueva vida. Le ofrece otra oportunidad. El que no tiene pecado no juzga sino que muestra misericordia.
La misericordia no está reñida con la verdad ni con la exigencia, más bien al contrario. Jesús no la condena, pero le dice que tiene que cambiar de vida: “En adelante no peques más”.
Al releer el Evangelio piensa en qué te pareces a los que acusan a la mujer; en qué a la mujer que ha pecado y se ve desamparada, acusada, ridiculizada, humillada… En qué a Jesús que trae vida y salvación, en lugar de muerte y condena. Y pídele al Señor encontrar siempre su amor misericordioso y vivir en él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.