Lunes 29 de julio

Lunes 29 de julio
Santa Marta

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.

Pistas: Cuántas veces nos imaginamos que la Iglesia, la parroquia, nuestra comunidad o nuestra propia vida para merecer la pena tienen que ser extraordinarias, espectaculares o perfectas. Nos parece que el Reino de Dios tiene que ser algo imponente. Y Jesús hoy nos dice una cosa muy distinta: en lo pequeño, en lo que parece insignificante, ahí empezará todo. Como la minúscula semilla de mostaza, o la poca levadura que se mezcla en la masa.
Por ejemplo, organizar un evento es, hasta cierto punto, fácil. Con recursos y gente competente se pueden hacer grandes y espectaculares eventos. Pero la fe, la semilla del Reino, empieza por lo pequeño: por cuidar el interior, por dejar que se arraigue en la oración de cada día, en el crecimiento y vida de la comunidad, en las pequeñas cosas. Y así, la semilla plantada por Dios en nuestro corazón, en nuestra comunidad, en nuestra parroquia… dará un fruto inmenso, que no podemos ni imaginar, pero que pasa por la sencillez y pequeñez (como la semilla de mostaza que acaba dando cobijo y vida). Pasa por la levadura que se mezcla con la masa y la hace fermentar a toda ella. Por las pequeñas cosas que hacemos cada día, los pequeños “síes” que le decimos a Dios y a los hermanos cada vez que amamos y nos entregamos. El Reino de Dios pasa por el tiempo de oración que sacas cada día, por ir a misa y confesarte, por establecer relaciones fraternas y auténticas en la Iglesia…
Sólo en lo pequeño y cotidiano, en lo que parece insignificante, comienza lo extraordinario que Dios nos regala.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.