Lunes 27 de mayo

Lunes 27 de mayo
San Agustín de Canterbury, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

Pistas: En nuestra cultura moderna nos cuesta mucho abrirnos a lo sobrenatural, a lo trascendente. Por eso puede parecernos tan difícil asomarnos a la persona del Espíritu Santo. Jesús lo promete repetidamente. Enviado por el Padre será el que continúe lo que Él empezó. Dará fuerza para vivir como Jesús enseña, para comprender, para avanzar. Será el alma de la comunidad que quedará cuando muera y resucite.
Hoy Jesús te dirige a ti las mismas palabras: te envía el Espíritu de la verdad, que da testimonio de quién es Él. Que hace poder entender desde la fe la realidad que está por encima de nuestras posibilidades: que Jesús está vivo y resucitado, que ha vencido a la muerte, que nuestra sed de plenitud y felicidad puede ser saciada.
Y ante la verdad de Jesús es imposible permanecer impasible. Hay que dar testimonio. Pero ese testimonio muchas veces será rechazado e incluso perseguido. Jesús no engaña a nadie. Avisa de lo que sucede. Por desgracia, sigue sucediendo en nuestro mundo, que rechazamos lo que nos beneficia, lo que nos puede dar vida y salvación.
Tú tienes la presencia del Espíritu de Dios en ti. Avívala para poder entender. Pídele a Dios que su Espíritu Santo esté más fuerte y poderoso en ti. Que todo esto que rezas cada día no sea una teoría sino realidad y vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.