Lunes 27 de abril

Lunes, 27 de abril
Lunes, III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 22-29
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les contestó: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»
Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»
Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»

Pistas: Me buscáis porque comisteis hasta saciaros.
Al día siguiente de la multiplicación de los panes y los peces, buscan a Jesús. Le preguntan: ¿Cuándo has venido hasta aquí? Jesús no responde a su curiosidad, sino que va a lo profundo: “me buscáis porque…”. Pienso que nos sucede a todos que, a veces, buscamos a Jesús por interés: Señor, que apruebe este examen, que tenga suerte en este trabajo, que tenga salud, que todo me vaya bien… Y queremos que Dios sea una varita mágica en nuestras manos que nos arregle las cosas.
Y Jesús va a lo profundo: no busquéis lo inmediato, lo material, lo que es transitorio. “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna”. Ese es el alimento que Jesús ofrece. Comienza aquí pero no termina aquí; se vive ya aquí pero alcanzará su plenitud en la eternidad. Además, ese alimento lo da Jesús (el Hijo del Hombre es un título que Jesús se aplica a sí mismo. Hace referencia a su humanidad y a su origen divino, Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre).
La obra que Dios quiere es que creamos en Jesús. Esto será nuestro alimento, nos dará vida y vida eterna. La fe nos indica el camino por el que llevar nuestros esfuerzos. Nos guía para no perder el tiempo, para una vida plena. La fe en Jesús es la clave. Por eso San Juan insiste una y otra vez en que sólo en el encuentro con Jesús, sólo a través de Jesús y de la fe en Él, podemos llegar a Dios y ser felices.
Y como sabes la fe es un don y una tarea, la más importante “¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere? … La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado”. Pídesela a Jesús y esfuérzate por vivirla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.