Lunes 26 de noviembre

Lunes, 26 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el cepillo del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Pistas: Jesús se fija en lo pequeño, en aquello que a nuestros ojos parece inútil e incluso puede que lo despreciemos. ¿Para qué pueden servir los dos reales que echó la viuda en el cepillo del templo? ¿no sería mejor que se los quedara? Con la aportación de los ricos, que era mucho más cuantiosa, se podría conseguir mucho más. Así que, si piensas pragmáticamente, lo de la viuda es más bien simbólico ¿no?
Así pensamos tú y yo. Así piensa nuestra sociedad. Así pensaban también los discípulos de Jesús. Acuérdate de otra ocasión, cuando con cinco panes y dos peces (¿qué era eso para dar de comer a tanta gente?) comió una muchedumbre y sobró mucho más de lo que se había dado. Así piensa y actúa Jesús. Lo pequeño, lo que claramente es insuficiente, si está en manos de Dios produce un fruto inimaginable.
Lo común entre la viuda y el muchacho que dio los panes y los peces es que pusieron lo que tenían. Todo lo que tenían, Y eso, que aparentemente era insuficiente, dio un gran fruto.
Y tú, seas rico o pobre, te sientas fuerte o débil, con unas u otras cualidades ¿qué echas en el cepillo del templo? Es decir ¿qué le das a Dios? ¿qué haces para ayudar a los necesitados? (para eso servía una parte de lo que se daba) ¿en qué gastas tus recursos, tus fuerzas, tus dones, lo que eres y lo que tienes?
Hay dos maneras de vivir: por nuestras propias fuerzas, confiando sólo en lo que podamos conseguir desde una perspectiva únicamente humana y material. O poniendo lo que somos y tenemos en manos de Dios.
Piensa en qué áreas de tu vida arroja luz la palabra de Dios ¿En tu manera de vivir la fe? ¿en tus relaciones con los demás? ¿en tu trabajo profesional? ¿con tu familia? ¿en tu labor pastoral?
¿Vas por delante, buscas grandes proyectos y recursos? ¿o le entregas todo a Jesús y le sigues por el camino que Él te lleve?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.