Lunes 25 de febrero

Lunes 25 de febrero
VII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 13-28
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.
Él les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Se lo llevaron.
El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.
Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió.
El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? Él les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Pistas: La presencia de Jesús lo transforma todo. Sus discípulos no fueron capaces de ayudar a aquel hombre que buscaba a Jesús. Y Él les recrimina su poca fe, porque si hubieran tenido fe, el resultado hubiese sido distinto.
Y, entonces, surge una pregunta: ¿qué hacer para tener más fe? Porque “todo es posible al que tiene fe”. Primero, encontrar a Jesús. Acércate a Él, búscalo. En la contemplación, como cuando leíamos su transfiguración. O ahora bajando al mundo, a la vida y sus problemas. Busca a Jesús, corre hacia Él y cuéntale tus cosas.
Buscan a Jesús porque lo necesitan. Ésta es otra clave ¿necesitas a Jesús en tu vida? Si no lo necesitas, no lo buscarás, pero ¿quieres tenerlo en tu vida?
También hay un momento en que pide fe: Señor, creo, pero dudo, ayúdame. ¿Dudas? ¿a veces tu fe es tibia y mediocre? Ora y pide. Grita al Señor. Porque la fe es un don.
Y, Jesús, da una clave a sus discípulos: ¿quieres ver los frutos de la fe? ¿quieres ver las maravillas de Dios en tu vida? Ora y ayuna. Porque además de un don es una tarea y exige un estilo de vida. Dicho de otro modo, acércate a Dios y entra en su presencia –ora- y dile que es lo más importante en tu vida, tanto que estás dispuesto a sentir hambre de Él –ayuna-. En otras ocasiones hemos explicado qué es el ayuno y para qué sirve. Recuerda que se trata de decirle a Dios y a ti mismo el lugar que quieres que ocupe en tu vida. No es un chantaje, ni hacer méritos, ni magia… es un acto de entrega y humildad, un modo de poner a Dios en el centro y ofrecerle tu vida entera, también tus deseos y necesidades.
Y la oración. La clave de la vida de fe. Sin ella la dimensión de la relación y la confianza en Dios es imposible. Ora poniéndote en presencia de Dios, alabándole por lo que es y por lo que hace, adorándole al entrar en su misterio, intercediendo cuando veas necesidades a tu alrededor o en ti y las lleves ante Él… “Todo es posible para el que tiene fe”

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.