Lunes 20 de febrero

Lunes 20 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Marcos 9, 13-28
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. El les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.
El les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? El les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Pistas: Vamos a detenernos en dos aspectos de los muchos de este Evangelio: la fe y el poder y autoridad de Jesús, la oración y el ayuno.
Dice Jesús: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. El padre grita: “Tengo fe, pero dudo, ayúdame”. Jesús escucha lo que les pasa, pregunta. La fe logra la salvación de aquellos que se acercan a Él. ¿Cuántas veces las dificultades de la vida, la sensación de que Dios no nos escucha, nos hacen dudar? Y la Palabra de Dios nos dice: “Todo es posible al que tiene fe”. A veces nuestra fe es pequeña, la fe de la gente de Iglesia, de los discípulos de Jesús es pequeña… pero cuando aparece Jesús todo cambia. Y dice: “Yo te lo mando”. Su poder y autoridad traen la salvación.
Preguntan los discípulos: “¿Por qué no pudimos nosotros?” La respuesta de Jesús nos da una clave importante para nuestra vida: oración y ayuno. Si quieres vencer el mal en tu vida, si quieres tener autoridad como Jesús (por el poder del Espíritu Santo) para luchar contra el mal en ti y en el mundo: oración y ayuno.
Por un lado, la oración nos pone en comunicación con Dios. Le contamos, le escuchamos, le pedimos, le damos gracias, le alabamos, le adoramos. La oración nos abre a la gracia de Dios, nos pone en sintonía con Él.
Por otro, el ayuno (que quizás nos parezca algo del pasado o como una especie de voluntarismo) significa decirle a Dios que Él es lo más importante de nuestra vida, que Él es tan importante para nosotros que le entregamos todo, que queremos sentir hambre de Él. No es ganar puntos, chantajear a Dios o creernos mejores. Es entregarnos más a Dios, es decirle que queremos su fuerza y su voluntad en nuestra vida.
La oración y el ayuno nos unen a Jesús, nos unen al Padre, nos llenan del poder del Espíritu Santo, y nos dan autoridad como la de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración